Siempre reunirse para celebrar el lanzamiento de un libro es motivo de alegría. Mas cuando ese libro nos habla de aquello a lo que hemos dedicado gran parte de los últimos 20 años.

Los autores, Fernando y Luis, nos presentan un texto que debería estar en todas las bibliotecas de los colegios y liceos de nuestro país y en todos los Bibliometros, que han sido un punto de acceso importante a la lectura.

Es un texto que en lenguaje accesible nos acerca a los conceptos usados en la respuesta al VIH, desde su descubrimiento, prevención, atención y las nuevas (aunque ya no tan nuevas) estrategias de prevención como PrEp y PEP. Si hay algo que dificulta el entendimiento de las acciones sobre el VIH son las siglas que usamos, deberíamos tener un manual que explique las siglas. El libro opta por un lenguaje sencillo que no se aparta de la rigurosidad académica, ni los términos médicos cuando deben ser usados. Pero se agradece que no se abuse de dichos términos.

Así que mis felicitaciones por este esfuerzo y ciertamente a Editorial LOM, una editorial que se inscribe dentro de las grandes de Chile con temáticas políticas, sociales y artísticas de gran valor.

Estoy acá en representación de AHF Chile, la organización civil más grande de Chile en los temas de prevención, diagnóstico y vinculación. Y digo que somos la ONG más grande porque el año pasado hicimos 10.800 test de VIH, alcanzamos 518 personas diagnosticadas y confirmadas por el Instituto de Salud Pública y vinculamos al 80% de ellas al sistema público de salud, esto con el apoyo de aliados como Fundación Sida Maule, MUMS, Acción Gay, Arcoiris de Antofagasta y Centro Amigable de Coquimbo. Y del equipo nuestro por cierto, sin el esfuerzo y la dedicación de ellas y ellos no habríamos alcanzado esos resultados. Gracias a ese equipo maravilloso.

Es decir, hicimos más del 10% del total de las nuevas infecciones informadas por el ISP para el año 2021, más que cualquier hospital de Chile, incluso más que cualquier Servicio de Salud.

Desde ese lugar, es que este momento en que se publica el libro con un nuevo gobierno, se abre la oportunidad para repensar la estrategia de prevención y atención del VIH y Sida. Acabar con estrategias pensada para una epidemia del siglo pasado y pensar, idear nuevas formas de aproximarnos a cumplir el compromiso global de “acabar con el SIDA como una amenaza a la salud pública al 2030”. Seguimos anclados, o algunas/os siguen anclados, a propuestas que han sido superadas. He propuesto en textos y columnas periodísticas, que desde el 2010 hay un cambio de paradigma en la respuesta al VIH, desde que tenemos evidencia suficiente que el Tratamiento Antirretroviral es también prevención.

El tiempo es draconiano, por lo que me concentraré en tres temas de los muchos en los cuales tenemos brechas y deudas.

El texto recoge la brecha que existe respecto del segundo pilar de las metas “90-90-90”. Según el informe de ONUSIDA, tendríamos 77 mil personas que viven con VIH, de las cuales estarían diagnosticadas 70 mil, es decir, un 91%. Pero en el segundo pilar, tenemos 16 mil personas que viven con VIH, saben de su situación serológica y no se encuentran en TARV. Personas que en un momento se hicieron un Test de VIH. No sabemos si esas personas recibieron su resultado, si estuvieron en TARV en algún momento, etc. Por lo tanto, concentrarse como lo han hecho los medios de comunicación en los Test de VIH y no mirar esta otra parte, que requiere recursos, es obviar una buena parte de la Cascada del Continuo de Atención en VIH. Y acá no se ven esfuerzos en disminuir esa brecha, al menos desde el órgano responsable de esa política, desde el Ministerio de Salud. Quizás lo hagan los equipos hospitalarios, pero no hay una política, menos una campaña que permita seducir a esas personas con volver al TARV o incorporarse por primera vez. Quienes trabajamos en este ámbito sabemos que las personas en TARV pueden alcanzar una esperanza de vida igual al promedio nacional.

El otro tema es político. No tenemos un Programa Nacional de VIH. Así como el movimiento de mujeres levantó la consigna de: “no tenemos ministra” cuando se requería su presencia frente a las violaciones y vulneraciones de derecho de las mujeres, nosotros debemos decir con fuerza que no existe un Programa Nacional de VIH. No se le ve, no habla, no convoca, no sé con quién dialoga. Espero, con toda la esperanza, con esta positividad que me caracteriza, que las nuevas autoridades reestructuren ese Programa. O lo reestructuran o lo eliminan, porque entre tener lo que hay y no tener, es mejor no tener.

Por último, quiero llamar la atención respecto de la distancia en tiempo entre el diagnóstico y el acceso a TARV. Tenemos el proceso administrativo más largo de toda América Latina; lo que lleva a que exista una demora de más de 45 días entre el test de VIH reactivo y la ingesta del tratamiento. Así es imposible llegar a un “2030 sin Sida”. Entiendo que hay una propuesta aprobada por el Comité para la elaboración de las nuevas guías en VIH y Sida que se encuentra desde el 2019 encajonada en algún escritorio de la Subsecretaria de Salud Pública. Se demoraron diez años en aprobar el uso de Test Rápido de VIH, hasta que el tiempo nos dio la razón, se podían hacer Test de VIH en espacios abiertos y con alta adhesión de la población; espero que no tengamos que esperar 10 años más para modificar este flujograma. Es necesario que las autoridades se abran a escuchar a quienes tenemos éxito en alcanzar a las poblaciones clave y a las comunidades más afectadas por la epidemia del VIH.

Felicitaciones Fernando, Luis y a LOM por este texto, que nos brinda la oportunidad de volver a poner el VIH en la agenda.

(Por Leonardo Arenas Obando.)

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