En 2018, el Buro de AIDS HEALTHCARE FOUNDATIÓN de América Latina y el Caribe, tomó la decisión de convocar a un encuentro de Planificación Estratégica en la ciudad de Puebla, México. Lo que podría haber sido una reunión más de las muchas que se han organizado en torno al trabajo de prevención y atención en VIH y Sida, fue la oportunidad para lanzar un desafío que ponía a nuestra organización en la senda que permitiría alcanzar las metas globales “90-90-90” y los propios objetivos de la organización civil más grande del mundo en prestación de servicios en VIH-Sida e ITS.

El acuerdo principal de ese encuentro, que bajo el lema: “El año del sitio” congregó a todos los Jefes de los Programa País de los 12 países en donde estamos establecidos, fue avanzar decididamente a lograr un 4% de reactividad de todos los test rápidos de VIH realizados en los sitios y/o espacios abiertos.

Este desafío implicaba un cambio importante en la estrategia de diagnóstico que se venía implementando. Hasta ese momento, la ampliación del acceso al test de VIH como diagnóstico era una estrategia para acercar a la población a conocer su situación serológica y desestigmatizar el test de VIH ubicándolo en el espacio público, junto a la distribución gratuita de condones. En todos los países, los equipos de AHF se desplegaban en diversos lugares y eventos con el objetivo de ofrecer el Test de VIH de manera segura y confiable, cumpliendo las normativas nacionales. El apoyo de estrategia de marketing colaboró en hacernos conocidos por los Ministerio de Salud, las organizaciones con trabajo en el área y la población general.

El I Foro Latinoamericano y del Caribe realizado en Ciudad de México en 2014, en donde los representantes de gobiernos, organizaciones civiles, mundo científico, las agencias de cooperación internacional y del Sistema de Naciones Unidas, se comprometieron a avanzar a un “2030 sin Sida” mediante el cumplimiento de las metas “90-90-90”, nos ponía en un escenario diferente, ya que el primer pilar: personas que viven con VIH y conocen su situación serológica, estaba bajo el 70% y quedaban seis años para alcanzar el 90%. Por lo tanto, era necesario afinar la estrategia de diagnóstico.

En un continente, en donde mayoritariamente, la transmisión es sexual y se encuentra focalizada en la población clave, era necesario hacer el esfuerzo de dirigir las estrategias de diagnóstico a una alianza con las comunidades más afectadas y privilegiar los sitios de AHF como espacios seguros y confiables en donde las/os usuarias/os encontrarían un pool de servicios para su diagnóstico y posterior vinculación.

La labor de AHF Chile se iniciaba en ese momento. El desafío era gigantesco, más en un país en donde la prestación de servicios de salud por parte de las ONG’s es bastante disminuida, pero el conocimiento de la epidemia nacional nos permitía visualizar que el trabajo daría sus frutos.

Este año, habremos realizado diez mil test de VIH, tanto en nuestro Centro de Testeo como en las acciones en espacios públicos, junto al importante apoyo de nuestros aliados. Pero lo que nos tiene más contento, es que esta primera semana de noviembre, hemos alcanzado la meta de 400 personas diagnosticadas, de las cuales, el 98% se encuentra vinculada a un hospital público.

Alcanzar las metas propuestas indican que la estrategia de marketing social y de alianzas fue la adecuada; alianzas fundadas en la confianza y el conocimiento del trabajo que realizan dichas organizaciones. Pero fundamentalmente, sentirnos satisfechos de haber sido un puente entre la necesidad de las personas y su ingreso a un sistema de salud. Agradecidos de la confianza que nos entregan nuestras/os usuarias/os.

Aunque sabemos que nos queda camino por recorrer por lo que tendremos que trabajar más duro, tenemos un nuevo desafío ad-portas: 16 mil personas conocen su diagnóstico VIH pero no se encuentran en tratamiento antirretroviral. Y así como avanzamos en el primer pilar de las metas “95-95-95”, deberemos diversificar nuestros esfuerzos y disminuir la brecha del segundo pilar.

Nuestro país tiene una oportunidad histórica: podemos llegar a ser el primer país de la región en alcanzar el “2030 sin Sida”. Esto requiere un acuerdo transversal (Gobierno, sociedad civil y comunidades) que nos permita avanzar en promover un diagnóstico temprano, disminuir la brecha de las personas que no se encuentran en tratamiento antirretroviral y disminuir los tiempos entre la confirmación y el inicio de tratamiento.

 

 

 

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